¿Por
qué las emociones han de ser así, tan gigantes, tan abruptas?
No
sé manejarlas, no sé nada de ellas, vienen, me abusan y se van...
constantemente.
Meses han pasado sin
que haya podido escribir hilada frase alguna. Tengo aún atragantadas
despedidas, más un torbellino me tiene a punto de vomitar. Jamás
pensé que tan intenso se volvería todo, que marcharse traía
consigo un rotundo ser otro, un constante golpe en la cabeza, dormir
sin saber quién despertar. Destruyo mi historia, cada uno de los
refugios que durante tantos años conservé se están yendo a la
mierda en un cerrar y abrir de ojos. Asesino a la musa, la
victimaria, mi condescendencia, a la puberta estupidez. Una espina me
queda clavada a los pasos, pero no soy yo quien la arrastra.
Siento un impulso
nuevo, que no reconozco, una energía me agolpa desde adentro: a
veces tan fuerte que corro encerrándome en el baño, mirando el
espejo, cerciorándome que sigo ahí; y no sé si aquello que mis
ojos muestran sea realidad u onírico. Me estoy desvaneciendo. Me
vuelvo otro. Otro.
No hay comentarios :
Publicar un comentario