Heme aquí. Sentado junto a la luz de una vela, y uno que
otro relámpago. ¿Qué es aquello que la vida trama?
Muchas veces el vértigo nos recuerda cuán vivos estamos, ¿es
vértigo aquello que se siente en soledad? Tengo una mueca incrustada, y las
pupilas de otro en los ojos que no soporto ver en ese espejito que compré en un
negocio de baratijas del baño. Soy otro, igual de tripolar que siempre. Hoy
apagado, sediento de inundaciones al alma.
Una abrupta sensación agolpa esos latires del pecho, una
orquesta desagradable y mal compuesta. Tengo desafinado el andar, una ola me ha
reventado en la cara. Estas paredes, las últimas noches, se han llenado de
manos, pintando marcas de cada uno de los asilos pasados de un alma joven pero
cansada. El lugar y todo lo demás va bien, de ensueño, ¿qué podría estarme
pudriendo? ¿Acaso una herida vieja sin cicatrizar?
He estado construyendo entornos débiles desde hace años,
maniquíes rondan mis pasos, y añoro cada uno de esos instantes donde creí
descansar rodeado de falsos amigos, amantes y enemigos. Cuando se va es cuando
se comprende crudamente un poco más lo que hemos estado siendo. Un trueno
coloca tildes donde no las hay, acentuando este pesar. La lluvia se ha vuelto
espeso ritmo de congojas. No quiero seguir escribiendo, no al menos esta
madrugada.
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