No sé dónde andan mi mente y mis pasos,
¿tan dañada tuve la infancia que no logro
desprenderme de ella?
Este malestar es una rabia paralizante. No
logro despertar.
Sigo muerto en ese hospital.
Me aferré a tu
cuerpo incrustando mis dedos en tus hombros, en tu espalda, mi cuerpo
se estremeció en un dolor agudo e intenso: Estaba allí, nuevamente,
sala fría de hospital, y sentí en mi brazo la aguja del suero una
vez más, ¡cuánto me dolían los pinchazos a la arteria! Sentí los
cables y aquel enfermante sonido piiip presentes esa noche. Estaba
allí, sí, en mi posible última morada, con el pánico de la muerte
que ha venido a saludarme, y el vacío de soledad, de tierra lejana.
Pero esta vez estabas allí, conmigo, en esa diminuta camilla que
esperaba verme partir, estabas abrazando mi cuerpo herido, cantando
dulcemente canciones en francés On me dit que le destin se moque
bien de nous y acariciabas mi cabello. ¡Cuánto quise estar
acompañado esas inacabables noches de hospital! Y recuerdo un doctor
diciéndome he arreglado para que cualquiera que pueda se quede
contigo esta noche
y la noche fue tan larga y oscura y vacía. Por
favor quédate conmigo
– No puedo.
Sin
embargo, todos
esos recuerdos desaparecían gracias a ti, que cariñosamente cocías mis heridas, al tiempo que sólo podía entregarte un raudal que humedecía tus pechos. No puedo creer que no haya llorado sino desde el
trueno de aquella sucia sala, ese que aterró mis ultimas noches meses atrás.
A veces no sé si existes o si te soñé. No sé si he salido vivo del hospital o si todo esto es una transitoria ilusión post mortem. ¿Será que yace mi cuerpo bajo tierra y ésto que creo vivir es un especie de limbo entre la carne y la nada? ¿Por qué todo aún sigue pareciéndome tan fílmico? ¿Existes o en mi ahínco te he creado así tan mágica y honesta llenándome el corazón? ¿Por qué en tan poco tiempo te sentí tan familiar? ¿He perdido del todo la cordura?
Lo que algunos no
saben es este terror de desquicio, mi mundo cambia tanto y estas
emociones son todo lo que puedo concebir. ¿Existo o todo ha dejado
de tener sentido?
Desde que te has
ido, te has vuelto una compañera silenciosa, te he vuelto un amuleto
de cuidado callejero, asilo nocturno, y recurso seductor algunas
duchas. No debo depender de ti, no lo hago, te uso, uso tu recuerdo
para pensarme menos solo, para tratar aún de limpiarme. A tu
recuerdo lo uso, exageradamente lo uso, pero a ti te amo, estando
allá, lejos y libre, viviendo todo aquello que los diecinueve traen
consigo. No te quiero mía sino tuya, pero sí atesoro tu recuerdo,
apoderándome de éste y usándolo a mi beneficio, ¿podrías
perdonar esta absurda osadía de poder y posesión? ¿Podrías
disculpar mi debilidad sin molestarte si no tengo las fuerzas
suficientes y tenga que recurrir a tu imaginaria presencia para tomar
mi mano cuando tenga miedo? Saberte me hace sentir menos solo, pero
no menos loco. Tengo miedo.
Una dicha desoladora
dibuja sonrisas
en vez de llanto.
No hay comentarios :
Publicar un comentario