jueves, 19 de diciembre de 2013

A pasos de un final


Falta tan poco.


Diez para las seis de la madrugada, y sigo despierto. He recorrido esta noche algunos recuerdos, imágenes poco claras de acontecimientos memorables –o que debieron serlo- caen imprudentes y violentas sobre mí, a modo de cliché de despedida supongo. Tres semanas y habré partido del Santiago de mi infancia, al fin, curiosamente al destino que años atrás comencé a desear, destino que se ha abierto repentino entre tumbas y agravios, pérdidas, desilusiones, camino abierto para, esta vez por mí, retomar lo que desde un inicio parecía ser mi único camino. Ya no pintaré el nombre de los sueños de un infante muerto, aquel que lloró en el umbral de la última puerta la única gota de lágrima que le quedaba, ni buscaré la forma de terminar aquellas historias con un final feliz.

Veintitrés días aproximadamente, y esas calles me traerán nuevos dolores, veintitrés, y ya nada parece devolverme lo perdido, como la infancia rota, los sueños podridos, todos los ojos de mi mundo hacia dentro, observando el núcleo, tejiendo a miradas un muro de piedra. Falta poco, para seguir reencontrándome, seguir destruyendo los últimos atisbos de cordura, entendiendo que quien se entrega a la tinta y al pincel debe acabar destruido.

Es como si nada realmente importase, y en esta fría soledad de espera comprendo lo rodeado que he estado de maniquíes, esos que terminarán arrastrados por el mar de aquella playa secreta. Hoy nadie me espera, ni nadie llorará mi despedida.


Pero muy dentro sé que nada hay que me detenga, nunca hubo nada:
he vendido mi alma al diablo del Arte.

No hay comentarios :