domingo, 21 de diciembre de 2014

Epitafios para Renacer. Segunda Parte.

17-12-2014

IV
No sé si deba escribir. No sé si hoy deba escribir.
Nueve días de encierro y ¡este chico se nos va a morir!
Noveno día y la muerte lejos, trasplante lejos, hígado, hígado.

No sé si pueda escribir. No sé si hoy pueda escribir.
Hoy me han cambiado de sala, al fin la UTI me ha expulsado.
Hoy esta nueva sala guarda secretos, arañas e insectos.

Mi cuerpo enmudecido se adhiere a las paredes sucias de este cuarto,
soy parte de las sábanas rotas, el olor a enfermo,
el grillo del baño, la suciedad tétrica que me asecha,
me adhiero a este infierno como un mueble recién puesto.

Estas paredes sólo indican encierro,
cama uno, cama dos, prohibido tomar mate.
Doctor, ¿será que el mate le daña el hígado al extranjero?

Un anciano grita a lo lejos
que en mi casa mando shó'
Una señora se ríe en el pasillo
Ella entiende más que yo
aquello que el anciano grita

No recuerdo haber gritado,
ni los años que he ganado estos días
no recuerdo cuánto había envejecido ya
antes de preámbulos de muerte
no sé cómo he de irme,
cojeando, tartamudo, ciego,
a esperas de las muertes venideras
y de todas aquellas sombras que afuera me asechen.

Pero la muerte no. Nueve días y la muerte no.
Anciano, triste, solo, vagabundo, pero muerte no.
Cuánto anhelo el abrazo de mis padres.
Extranjero dentro de mí mismo, tan lejos, tan ausente.
Nueve días y al décimo he de volverme un poco más loco,
esparciéndose entre estas sucias paredes mi cuerpo.

¡Pero muerte no!
¡Hígado, hígado, hígado!



V
Tengo miedo, pensé cuando observé el lugar donde entraba.
Y la habitación se llenó de tengo miedos, y los barrotes de esta ventanita a mi izquierda, en lo alto, se volvían pilares abismales entre lo último de infancia que venía quedándome: ¿qué hago con éste? ¿Cómo hago para calmar el llanto que no viene, que no suena, de la última cuna escondida en mis ojos? Esta ventana me dice que debo seguir pagando ¿qué estoy pagando realmente? ¿No fue que sucedió todo esto pensando en un futuro mejor? ¿No fue que ocurrió todo esto por cuidar de otra persona, de una persona a la que amaba? ¿Esto es lo que nos trae la vida cuando se decide entregar más de lo debido? ¿Realmente ella habrá querido verme allí, morir entre sus manos y luego mentir las horas y los sucesos como haría después acá en el hospital mientras gritaban mi posible sentencia? ¿Por qué hay tantas versiones de un sólo hecho? Fui acusado de violento, y mi desesperación gritaba supervivencia, gritaba defensa, ¿cómo se pide ayuda cuando ayuda se ha venido pidiendo durante tantos años y nadie parece oírla? Siempre todo queda en manos de uno, tan infante, tan absurdo, tan poco entendedor de la vida maraña ésta... Tengo miedo pensé y un trueno sonó a mi espalda, el cielo se venía encendiendo, como mis nervios, como el dolor que guardo y cargaré por siempre, tengo miedo y a mi garganta atravesó un sollozo mudo que jamás salió, por ese eco en la cabeza: tengo que ser fuerte.
No quiero ser fuerte. Quiero salir de aquí, pero no quiero ser fuerte. Quiero que nada haya sucedido. Quiero ver los ojos de los que se dijeron mis amigos y sentir el mismo cariño, pienso en eso y vuelve el mareo, como cuando el grillo del baño saltó a mi desnudez mientras me duchaba -¡al fin!-, y el cuerpo tembló, tembló del mismo modo en que lo hizo cuando F. aparecía por la puerta de Emergencias, a esa salita donde me moría.
Cargo una tumba en la frente desde ese día, una fosa se abrió en las olas de mi carne, y me supe tan muerto, tanto como lo había anhelado dos noches atrás, tanto cuando vi su rostro nuevamente burlándose, riéndose y preguntando ¿por qué te pones así? Si ellos ya no son más tus amigos.
¿Así funciona? ¿Así sin más?
¿Cómo salgo de aquí? Si cada día estoy más seguro de que esta habitación ha comenzado a expandirse por el resto de mis días, la prisión y la caverna para siempre en mi cabeza. Tres dagas fueron clavadas en mis manos y en mi pecho, ¿qué hicieron con la sangre aquella tarde?


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