19-12-2014
VI
Sin duda alguna he tenido mucha suerte.
En unas pocas horas al fin me darán el alta y podré deambular libre
nuevamente.
Han sido los días más difíciles de mi vida, tal vez, y seguramente
no logre recordar jamás todo lo que ha sucedido desde el día de La
Guardia -Emergencias-, la UTI, hasta ahora que al fin duchado, con
ropa limpia, espero la última charla con los psicólogos, como
esperando un último permiso de libertad.
No sé si a efecto físico, delirios del hígado, medicamentos, o
mera psicología, recuerdo que reí tanto como pude aquellos días en
que estuvo mi padre y mis amigos hermosos; ahora que lo pienso, sólo
recuerdo desde el día en que llega mi padre, miércoles diez, y aún
así no recuerdo del todo lo que conversamos. Recuerdo su rostro y mi
sensación de alivio al verlo, sentí nuevamente mis cinco años
cuando corría hacia él para que me alzara, lo sentí más padre que
nunca, más amigo como nunca jamás lo sentí, me sentí dichoso y
tranquilo, como si la vida o la muerte en ese momento dejaran de
importar. Recuerdo me trajo un M&M, el cual intenté comer de a
poco, sin lograrlo, y seguramente aquella diarrea del día siguiente
sería por aquel chocolate: los médicos me han dicho, ahora que
estoy bien, que durante seis meses debo cuidarme, y uno de los
cuidados es no comer chocolate.
Mi
mejor amigo viajó también, y fue impactante verlo cruzar la mampara
de mi jaula y darme la sonrisa que siempre le he visto, ambos
gritando ¡mi
perro! Sin
duda alguna he tenido mucha suerte. Steff, Billy y Cris jamás me
dejaron, sacrificando sus horas libres, sus cansancios, y verles
entrar cada día eran abrazos infinitos a mi herida, sin ellos el día
de hoy no sería tan esperanzador y seguramente estaría encerrado
dentro de todos los abismos que intento abandonar en cada letra que
rodea este episodio. Recuerdo los llamados telefónicos de Ana Lucía,
y la emoción que sentía de saberme en esa habitación lúgubre tan
lleno de personas que amo. No recuerdo bien qué me dijeron en el
primer llamado, pero sí que hablé con ella, también con la Nena y
con Rafaela. Recuerdo pensar en mi madre cada segundo, y desear con
todas mis ganas que estuviera allí acariciándome el cabello sucio.
La
suerte de estar vivo se la debo a la salud pública Argentina, estuve
al borde de la muerte y al borde de un trasplante, estaba todo
pedido, era cosa de horas y teníamos que partir hacia allá,
recuerdo la cara de los médicos y su preocupación, la humana forma
en que dialogaban conmigo, muy distinto a lo que recuerdo de la salud
pública chilena... Debo admitir que también muy vivo tengo en el
recuerdo las veces que gritaron que iba a morir, la incertidumbre de
si aquel antídoto que mandaron a hacer a otro Hospital iba a
funcionar o no. No
manejamos mucha información sobre intoxicación con Paracetamol, no
suele ser algo recurrente a nivel Latinoamericano (...) la
intoxicación por paracetamol es común en Estados Unidos, principal
motivo de trasplantes de hígados.
Billy me dice que los médicos hicieron llamados telefónicos a
Estados Unidos para saber qué hacer, y mandaron a realizar dicho
antídoto de acuerdo a mi peso y no sé qué otras características:
Me salvaron la vida, ¿qué puedo decir? Suerte, y buenas manos, y
más suerte. Me siento en deuda con el Hospital San Martín, y no sé
qué podría hacer.
Son las 11:21 de la mañana, y sigo esperando a los de Salud Mental,
comienzo a tener un hambre feroz, y me resuena en la cabeza el
cuidado de seis meses para mi hígado, por lo que este ferviente
deseo de papas fritas deberá ser mitigado con alguna verdura.
Dijeron que no debía volver acá para ningún control físico, que
mi hígado está trabajando solo y mejorando de modo impresionante.
Sin duda algo no me quiere muerto, aunque a decir verdad, ahora que
escribo esa frase de mierda, ¡yo tampoco me quiero muerto! Ni mis
amigos de verdad, ni mi familia. No sé cuánto me iré a demorar en
sanar mi psiquis después de todo este circo tenebroso, y menos sé
si este odio, que en estos días de encierro ha ido creciendo,
desaparecerá con el tiempo o el rencor al fin tendrá un lugar en mi
cuerpo.
Hoy
no deseo ser otro: al fin sé que desde que entré a urgencias, SOY
OTRO.
Tengo un cajón enorme
que he ido llenando estos días
de
Gracias
para mis amigos y mis padres.
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