domingo, 21 de diciembre de 2014

Epitafios para Renacer. Tercera Parte.

19-12-2014

VI
Sin duda alguna he tenido mucha suerte.
En unas pocas horas al fin me darán el alta y podré deambular libre nuevamente.
Han sido los días más difíciles de mi vida, tal vez, y seguramente no logre recordar jamás todo lo que ha sucedido desde el día de La Guardia -Emergencias-, la UTI, hasta ahora que al fin duchado, con ropa limpia, espero la última charla con los psicólogos, como esperando un último permiso de libertad.
No sé si a efecto físico, delirios del hígado, medicamentos, o mera psicología, recuerdo que reí tanto como pude aquellos días en que estuvo mi padre y mis amigos hermosos; ahora que lo pienso, sólo recuerdo desde el día en que llega mi padre, miércoles diez, y aún así no recuerdo del todo lo que conversamos. Recuerdo su rostro y mi sensación de alivio al verlo, sentí nuevamente mis cinco años cuando corría hacia él para que me alzara, lo sentí más padre que nunca, más amigo como nunca jamás lo sentí, me sentí dichoso y tranquilo, como si la vida o la muerte en ese momento dejaran de importar. Recuerdo me trajo un M&M, el cual intenté comer de a poco, sin lograrlo, y seguramente aquella diarrea del día siguiente sería por aquel chocolate: los médicos me han dicho, ahora que estoy bien, que durante seis meses debo cuidarme, y uno de los cuidados es no comer chocolate.
Mi mejor amigo viajó también, y fue impactante verlo cruzar la mampara de mi jaula y darme la sonrisa que siempre le he visto, ambos gritando ¡mi perro! Sin duda alguna he tenido mucha suerte. Steff, Billy y Cris jamás me dejaron, sacrificando sus horas libres, sus cansancios, y verles entrar cada día eran abrazos infinitos a mi herida, sin ellos el día de hoy no sería tan esperanzador y seguramente estaría encerrado dentro de todos los abismos que intento abandonar en cada letra que rodea este episodio. Recuerdo los llamados telefónicos de Ana Lucía, y la emoción que sentía de saberme en esa habitación lúgubre tan lleno de personas que amo. No recuerdo bien qué me dijeron en el primer llamado, pero sí que hablé con ella, también con la Nena y con Rafaela. Recuerdo pensar en mi madre cada segundo, y desear con todas mis ganas que estuviera allí acariciándome el cabello sucio.

La suerte de estar vivo se la debo a la salud pública Argentina, estuve al borde de la muerte y al borde de un trasplante, estaba todo pedido, era cosa de horas y teníamos que partir hacia allá, recuerdo la cara de los médicos y su preocupación, la humana forma en que dialogaban conmigo, muy distinto a lo que recuerdo de la salud pública chilena... Debo admitir que también muy vivo tengo en el recuerdo las veces que gritaron que iba a morir, la incertidumbre de si aquel antídoto que mandaron a hacer a otro Hospital iba a funcionar o no. No manejamos mucha información sobre intoxicación con Paracetamol, no suele ser algo recurrente a nivel Latinoamericano (...) la intoxicación por paracetamol es común en Estados Unidos, principal motivo de trasplantes de hígados. Billy me dice que los médicos hicieron llamados telefónicos a Estados Unidos para saber qué hacer, y mandaron a realizar dicho antídoto de acuerdo a mi peso y no sé qué otras características: Me salvaron la vida, ¿qué puedo decir? Suerte, y buenas manos, y más suerte. Me siento en deuda con el Hospital San Martín, y no sé qué podría hacer.

Son las 11:21 de la mañana, y sigo esperando a los de Salud Mental, comienzo a tener un hambre feroz, y me resuena en la cabeza el cuidado de seis meses para mi hígado, por lo que este ferviente deseo de papas fritas deberá ser mitigado con alguna verdura. Dijeron que no debía volver acá para ningún control físico, que mi hígado está trabajando solo y mejorando de modo impresionante. Sin duda algo no me quiere muerto, aunque a decir verdad, ahora que escribo esa frase de mierda, ¡yo tampoco me quiero muerto! Ni mis amigos de verdad, ni mi familia. No sé cuánto me iré a demorar en sanar mi psiquis después de todo este circo tenebroso, y menos sé si este odio, que en estos días de encierro ha ido creciendo, desaparecerá con el tiempo o el rencor al fin tendrá un lugar en mi cuerpo.
Hoy no deseo ser otro: al fin sé que desde que entré a urgencias, SOY OTRO.


Tengo un cajón enorme
que he ido llenando estos días
de Gracias para mis amigos y mis padres.

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