domingo, 22 de febrero de 2015

Contrareloj y cacería

¿Y, hoy en día, qué es la poesía?

Estoy cargado de sentires nuevos chocando dentro, un impulso vano llega hasta las yemas de mis dedos y se detiene, se devuelve. Poco a poco me retoma la locura, voy eliminando cada recuerdo sin parar, máquina que todo destruye, soy huracán que a sí mismo destruye, ¡destrucción! No quiero más nada de esto, y vuelve a suceder una y otra vez, una y otra vez. Ojalá supiera frenar mi mente, su caos, y las sensaciones que me destripan.
Estoy al borde de una azotea, desnudo, intentando volar, a mis pies comienza un incendio, y luego todo ya se trata de tener que saltar, de vivir, como si esa muerte preparada sólo haya sido un preludio para la vida, y no cualquier vida, sino la del que nace de nuevo, del que se salva de las fauces temibles de la muerte. No me parecen temibles, y sin embargo le tuve miedo al último cerrojo de mi carne. Temí, y aún no lo tengo claro del todo. ¿Por qué ha de temerse al póstumo suspiro?

Vuelvo a dudar de la realidad de ayer, cada escrito que he omitido en los últimos años comienza a pesarme, he dejado vacíos que jamás podrán llenarse, para bien o para mal. Siento aún en mis manos el tacto de una cadera, y la visión profunda de sus ojos, ¿cómo un cabello podía cambiar en ese instante el rumbo desalentador que había escogido? Poco a poco se me vuelve ajeno el recuerdo de los males de antaño, y una duda comienza a subir por mi espalda, ¿será que me haya inventado todo? ¿Será que ese día jamás la vi? ¿Será que nunca entró al Hospital ni haya soltado una sóla lágrima? Quizá no existe, ni existió, viajando a la Argentina solo o deambulando por San Joaquín tantas veces sin rumbo, sin llegar a esa casita interna, la de los gatos. Tal vez y nunca nos cruzamos, y ese día llegué tarde al metro cuando ella ya se habría ido, no conociéndonos nunca, privándonos del primer, segundo y tercer beso, los insultos, los maltratos, las mentiras, mis engaños, sus engaños, privándonos de lo bueno que no logro recordar, y que me niego, porque no existió, y no quiero crearla nueva, ni buena, ni mucho menos lo que creía que fue, pero no fue porque no existió, jamás. No es. No será. ¿Será que si lo repito se cumple?

Un día de éstos me libraré completamente de eso, por ahora me niego como impulso de vida, el rencor, por primera vez, me entrega cartas que quiero jugar, vivir, sentir. No me importan ellxs, ni sus vidas, ni sus cuerpos, no es a ellxs a quienes odio, ni por quienes tengo tanto rencor, sino un imaginario, en mi cabeza he creado tres muñecos vudú para odiar a destajo, porque en el fondo, muy en el fondo, no sé bien ni entiendo eso del odio, ni del rencor, ni del a la mierda todo. Pero así me basta, por ahora, antes de que olvide todo, hasta mis manos que no paro de mirar, o mi nombre que aún a veces me parece lejano.

Y mientras más desasosiego sienta mi cuerpo, anhelo y encuentro, más temeroso por terribles oleajes, martirios que han venido repitiéndose como mantra. Un miedo al cual me niego a escuchar me revienta los sesos, y puede que nunca logre dejar de meterme en problemas.

 Lo quiero todo,
mientras sangre, lo quiero todo,
hasta olvidar para siempre.








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